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Murió la aldea global

Murió la aldea global

Triques

A pesar de la agonía del neoliberalismo y de las paupérrimas condiciones en las que vive Europa, encuentran espacios mediáticos en los que insisten en otorgarle a la pertenencia más profunda la moda de la aldea global, superada desde hace muchos años, pero que siguen considerando como lo último en posturas sociales y políticas. Lo demás, según los defensores de esta teoría, viven en el pasado, cuando en realidad quienes suspiran por regresar a los 60 del siglo pasado son ellos.

El concepto de aldea global fue creado luego de la aparición del libro La Galaxia Gutemberg, escrito por el filósofo canadiense Marshall McLuhan, cuyas teorías en cuanto a estética y comunicación siguen aplicándose; sin embargo, la adopción que los conservadores hicieron de esta ida fue al de utilizarla para exterminar el nacionalismo.

A pesar de que ha transcurrido más de medio siglo, algunos siguen intentando romper el nacionalismo y la identidad, sobre todo de los jóvenes, a través d una vieja convocatoria para llamarlos ciudadanos del mundo.

La idea de nación surge en su significado contemporáneo con la Revolución Francesa, iniciada en 1789, producto del pensamiento de los enciclopedistas, convicción que en América Latina ha permeado en los últimos años porque mantiene viva su memoria en las raíces que le dieron vida. Los pueblos originarios de esta parte del planeta tienen un referente del que carecen muchos países, entre ellos los de Europa.

Impulsores de la aldea global, del neoliberalismo, de la era neocolonial y del desarraigo, ponen de ejemplo de globalidad y modernidad precisamente a Europa, a causa del surgimiento de la Unión Europea, en 1993, cuando, supuestamente se borrarían las fronteras, los aranceles serían anulados y la moneda común. Como si se tratara de un paradigma digno de imitarse.

Vemos que Europa está en quiebra económica, con graves carencias de energía, y en decadencia en el pensamiento, prueba de ello es el regreso del fascismo a Italia, a través de su recientemente elegida primera ministra, Giorgia Meloni, y la llegada, por segunda vez al Parlamento Europeo de Alessandra Mussolini, nieta de Benito Mussolini, primera mujer en dirigir un partido político en Italia. Diputada del Parlamento Europeo desde 2014 por el partido Forza Italia.

Esto sin contar la grave crisis económica que vive la mayoría de los habitantes de una Europa que sufre una debacle de la que no podrá salir pronto y requiere de ayuda, de tal suerte que este apoyo semejante al Plan Marshall, –proyecto de reconstrucción de Europa, por más de 20 mil millones de dólares, después de la Segunda Guerra Mundial, pactada el 24 de junio de 1946—que cobrará su factura en cuanto a soberanía y dependencia. Esta vez el decadente imperio estadounidenses pedirá algo a cambio y eso será hacer de países fuertes y aparentemente independientes, miembros de la OTAN, sus colonias, para fortalecer su frágil economía.

El viejo colonialismo surge de la búsqueda de nuevos territorios para resarcir las crisis económicas de las monarquías del siglo XVI, la historia se repite ante la carencia de energéticos para soportar el invierno que llegará a los países europeos en unos días y que nadie envidiará, porque la hipotermia terminará con la vida de los más vulnerables del Viejo Mundo, debido al cierre de suministro de gas ruso ante la afiliación de los países de ese continente a la OTAN y su apoyo al régimen nazi de Ucrania.

El concepto de aldea global se hizo viejo muy rápido no sólo por su inoperancia en la práctica sino porque fue un concepto que se montó, de manera improvisada el neoliberalismo para borrar de los ciudadanos del mundo la idea de ser parte de un país con identidad y cultura propios.

Ahora todavía se atreven a decir que o de hoy es ser ciudadano del mundo, para enajenar las riquezas de esos países y hacer de sus gobiernos lacayos dependientes. Un verdadero retroceso.


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